Aunque las cosas han llegado a tal punto que hasta los bozos sobran. El panorama se presenta desolador, y con un nuevo golpe de ironía el artista configura una suerte de mandala en la pared a partir de una serie de palos de hockey, que llevan inscritos a láser títulos de novelas distópicas.
 
Las obras de Sala, independientemente de su resolución formal, funcionan siempre a modo de imágenes, de registros no necesariamente objetuales. Y la dialéctica tan particular de las obras presentadas aquí funciona a modo de concatenación de stills de nuestra memoria, en una suerte de dejavù en permanente titubeo de si realmente fue o no fue, si ocurrió así o de ninguna manera. Memorias de apariencia semiopaca, que se mueven en ese territorio entre lo turbio y lo medianamente conocido. Que nos mantienen en un estado de recelo, en el prisma de la sospecha.
TIEMPOS NUEVOS, TIEMPOS SALVAJES
2014