GIVE ME SHELTER
2016

Todo comenzó con una tortuga (romana).

En la antigua Roma había una práctica militar muy utilizada en los asedios por las legiones llamada la tortuga. Dicho ejercicio consistía en que se cubrían con sus escudos solapándolos a modo de caparazón. Mientras que la primera fila de hombres protegía el frente de la formación con los suyos, seguidamente los levantaban hasta el centro de su cara. Si fuera necesario, los soldados de los flancos y los de la última fila podían también cubrir los lados y la parte posterior de la formación, aunque entonces la protección de la capa de escudos que cubría el cuadro no se cerraba totalmente al reducirse su número. La tortuga era una práctica lenta, pero segura, como una suerte de bunkerización primigenia. El bunker es, junto a la tortuga, sin duda, el gran ejemplo de locus para la defensa, aquello que se socava en la tierra y que no deja lugar para la fractura, la llaga, la herida o el hueco.

La idea de Estado supranacional que no deja de ser una ficción nos posiciona en el contexto de una Europa (raptada) en partes bien diferentes. La Europa del norte y la Europa del sur son dos mundos distintos. Si nuestro sino es ser unos “cerditos”, unos animales de los que se aprovecha todo absolutamente, también hemos de entender que los que “disfrutan de nosotros” están allá arriba. España, Italia, Grecia y Portugal están al sur, es cierto, pero Alemania, Francia y los demás están al Norte del norte. Cuando se dobla el mapa para acercarse las distancias se hacen mas amplias.

Todo sigue con una tortuga (romana).

Nos queda claro que “el Estado no es una obra de Arte” (Hegel remarca en la Filosofía del Derecho), llegados a este punto el artista se pregunta:

¿Cual es el lugar del arte actual atendiendo a los procesos de crisis y de sin razón en los que esta involucrada nuestra sociedad occidental europea en la que evidentemente todo falla? Estamos, una vez más, instalados en la distopia. El tiempo de la ficción ha alcanzado un momento real, Europa nos ha sorprendido como una gran maquina que no funciona. La cultura (el arte) no es sino uno de esos últimos lugares (atalayas) para poder combatir (simbólicamente) un mundo desigual, una estructura totalitaria (económica) que hace que haya, de nuevo, vencedores y vencidos.

Todo acaba con una tortuga (romana)

A los artistas no nos queda otra, tenemos que “fabricar” obras que sirvan de barricadas, de lugares defensivos, de parapetos. Sean escudos, barricadas o textos que nos ayuden a resistir. O eso o nos quedamos esperando. La espera es otra forma de defensa. Esperar a pesar de todo que algo pase algún día, sin saber muy bien el qué. Lo saben bien los trabajadores que se pertrechan tras las ruedas neumáticas, tirando piedras y esperando que llegue el milagro. La defensa de lo propio, sin comprenderlo como posesión, sino como principio fundamental, es la defensa de las ideas que se mantienen con coherencia. Y ahí, la vida y el pensamiento de lo que uno tiene que hacer pasará necesariamente por defenderse hasta las últimas consecuencias. En el tratado 31 de El arte de tener razón, Schopenhauer viene a decir que cuando uno no sabe que objetar a las razones expuestas por el adversario, ha de declararle incompetente con una fina ironía. Una estratagema que sólo funciona cuando uno está seguro de gozar de buena fama frente a los oyentes. Quizás esa es la ultima defensa que con queda, la fina ironía. Tenemos que resistir esperando, porque en el fondo, sabemos que tenemos razón.