Si lo inquietante de las sociedades actuales está relacionado con el miedo, la violencia y esa extraña sensación de inseguridad propia del capitalismo, podemos pensar en el lugar al que se va conduciendo la presencia de una crisis global que afecta, no sólo a nuestra condición como ciudadanos, si no a nuestra actitud política en referencia a esa promesa de felicidad asociada al estado de bienestar. Si el arte posee un lugar en la sociedad, será el de reflejar algunos de los símbolos actuales que van asociados directamente a la lucha o a la aceptación de lo establecido. La ironía quiere que en este caso sea a través de un material lujoso y tradicional como el mármol,la piedra importante para la estatuaria, la creación de monumentos o directamente vinculado a las lápidas del cementerio. Si la modernidad no es otra cosa que actualidad, en ese ahora estamos pendientes de lo que ocurre en el previsible capitalismo de nuestro tiempo, cuando se presiente que el arte no debe pasar desapercibido. Al final, toda la escultura acaba por ser mármol, como señala Didi-Huberman en La pintura encarnada: un auténtico fantasma metafórico y poético.

Otro de los elementos del proyecto es una técnica clásica del Arte, la acuarela, la imagen múltiple extraída de la estética del street art, el stencil se convierte aquí en un ejercicio sobre el papel que reflexiona en torno a Bentham y su panóptico, a Foucault y su “vigilar y castigar” a imágenes iconicas que provienen tanto de la calle como del cine y que representan una (hiper)realidad plasmada en los papeles que nos llevar a otro lugar, el de la resistencia.

El proyecto plantea una lectura critica de la escultura y de la acuarela por medio de imágenes simbólicas. Estos símbolos encontrados en el mármol y en el papel se podrían entender como, además de estos objetos de la realidad contra el sistema, aparece uno de sus principales actores, identificable con la figura del encapuchado o el embozado, con una mano extendida y otra con un puño amenazante, señalando las diferencias entre el rebelde y el revolucionario, entre aquel que está indignado con la sociedad –no sólo con los mecanismos de poder- y aquél que decide pasar a la acción directa. ¿Cuál es el lugar del arte en esta presencia de lo político? Si no se trata solamente de indignarse, sino de actuar, el papel del artista puede ser aquel que presenta los símbolos de poder, aquel que representa con los mismos mensajes de la política. Y en esta política de la memoria, como pilares del nihilismo postromántico propuesto, aparece el postulado vacío de la sociedad actual.

Parafraseando a Roland Barthes, algo hay en el modernismo que no es una cuestión pasada de moda, sino el mismo punctum donde lo moderno es el ahora, su misma actualidad.

La actualidad, la actividad del arte debe ser una especie de gramática simbólica, una interpretación o lectura que en este caso cabe vincularse a conceptos que ofrecen una interpretación de la situación de la sociedad actual, profundizando y relatando tanto su vaciamiento, como su despojamiento o su robo. Se trata del vaciamiento de los ideales, la aniquilación propia de un tiempo sacado de quicio (the time is out of joint). Es el momento actual, ese donde el artista se postula y posiciona desde la trinchera, el único lugar habitable.
LO (HIPER) REAL ABSOLUTO
2013