Ese pasado de la historia de España que nos enseñaron, o que resumíamos a modo de chuletas en muñequeras, interiores de estuches Alpino, gomas de Milán, o, como en el caso de la instalación Clandestino, en los clásicos bolígrafos Bic. Bic cristal. Gracias a una luz bastante controlada percibimos que Sala ha inscrito en ellos, unos treinta o cuarenta, lo que parece ser la declaración universal de los derechos humanos. Unos derechos que hoy día no dejan de ser un capítulo más de nuestro pasado. Otro capítulo del cuento.  Un vídeo que lo acompaña nos muestra el meticuloso proceso, con ese sonido familiar de rascar el plástico. Y es que el trabajo de Avelino Sala no solo rasca en nuestra memoria personal, sino en esa universal y colectiva, en ese archivo de registros comunes a toda crónica de revuelta, de tentativa de cambio desde el lugar de la resistencia.
CLANDESTINO
2014